Entrevista a Juan de Dios García

Juan de Dios García

 

—LA MONTAÑA MÁGICA: Saludos, Juan de Dios, amigo y cercano colaborador de esta casa. Eres poeta, agitador cultural, profesional de la educación y co-editor de (una) de las revistas literarias digitales más antiguas del país, El coloquio de los perros. Es decir, un verdadero non-stop-action-man. Y, por lo que veo, no tienes pinta de que levantes el acelerador. ¿Cómo estás de ánimos? ¿Te dopas regularmente para soportar este nivel de exigencia?

—JUAN DE DIOS GARCÍA: ¡Jajajaja! Sí, esnifo literatura, altamente adictiva cuando se la conoce. Y como mucha gente aún no la ha visto en su vida o la ha visto muy poco, pues habrá que ir presentándosela, ¿no? La mandanga, tarde o temprano, da gusto compartirla. Por eso, aparte de la escritura, mi otra obsesión es difundir esta droga tan potente y benigna. Me he convertido simultáneamente en un yonqui y en un camello de los libros. […] Respecto a los ánimos, siempre ando diciendo que abandono toda acción socio-cultural,  que necesito dedicarme solamente al oficio solitario de la escritura, pero en seguida me requieren para alguna causa que me estimule y me entrego de nuevo.

—LMM: En tu calendario aconteció un evento importante el pasado mes de noviembre, la celebración en Cartagena del festival poético DESLINDE. ¿Cómo valoras su primera edición?

—JDDG: Fue magnífica para el poco presupuesto con el que se contaba. Hubo casi cuarenta actos durante once días y, salvo alguna excepción, en todos hubo público abundante y participativo. Desde el legendario Ardentísima, que organizaba el maestro Jose Mª Álvarez, la Región de Murcia no había vivido una convocatoria poética de este orden. DESLINDE es un proyecto municipal que nació en la cabeza de Patricio Hernández como un festival digno y creciente, ligado al Premio Internacional Antonio Oliver Belmás de la Universidad Popular y a la figura de este interesante poeta y crítico, ensombrecido por la relevancia indiscutible de su esposa, Carmen Conde. Creo que el objetivo está conseguido. Patricio tenía claro que las personas idóneas en Cartagena para ayudarle a coordinar DESLINDE éramos Antonio Marín Albalate y yo. Debo añadir que a Patricio Hernández hay que agradecerle que se esté dejando la piel en Cartagena proponiendo iniciativas en todas las disciplinas culturales, resucitando programas masacrados por la anterior gestión del PP e intentando buscar canalizaciones entre espacios públicos y privados abiertos a la acción cultural: cafés, librerías, edificios de importancia histórica, asociaciones, bares, etc. Llevan un año aupándose desde el Ayuntamiento música, acción bibliotecaria, danza, filosofía, ciencia, teatro, folclore, arte, cine… Ya tocaba la poesía, entendida sin límites. Nos merecemos un festival como éste.

—LMM: El otro acontecimiento en tu calendario lo veremos en 2017, cuando se publique tu próximo poemario. ¿Qué nos puedes adelantar de él?

—JDDG: Para empezar, el título y la editorial que lo publica, que es Balduque. Un fotógrafo ciego saldrá en febrero y estoy muy satisfecho de lo escrito y de pasar a formar parte del catálogo de una editorial que, siendo tan joven, está adquiriendo un prestigio inusitado, caminando hacia la excelencia en su manera de editar y de trabajar con sus autores. […] Y hasta aquí puedo hablar. Ya daré suficiente matraca sobre Un fotógrafo ciego a lo largo de 2017 y recibiré las caricias y collejas correspondientes por exhibir mi nueva criatura al mundo.

—LMM: Ahora, para los que no te conozcan bien, ¿puedes acercarnos a ese joven Juan de Dios García que se lanzó junto a Ángel Manuel Gómez Espada a la creación de El coloquio de los perros? ¿En qué estabais pensando?

—JDDG: Éramos dos pringadillos recién licenciados y completamente desorientados con un futuro de mierda por delante. Muy pocas salidas dignas en España. Oposiciones —dificilísimas, sin esperanza— a profesor en la enseñanza pública y para de contar. ¿Te suena de algo? […] Pues bien, mientras unos se iban al extranjero a probar suerte, Ángel Manuel y yo nos quedamos en Murcia sobreviviendo. En ese estado entre el aburrimiento juvenil provinciano y la pasión total por lo literario, descubrimos que internet era el formato perfecto para fundar una revista que nos ayudase a contactar con todos los poetas, narradores, dramaturgos y ensayistas que admirábamos y a cumplir nuestras primeras aspiraciones de acción cultural. Y, oye, creo que no estuvo mal la idea.

—LMM: ¿Qué significó aquello para vosotros? ¿Creéis que ha merecido el esfuerzo de todos estos años?

—JDDG: Significó que dos veinteañeros entraran en un mundo creativo adulto con el “arma” de El coloquio de los perros. Cenar con el entonces encumbradísimo Luis García Montero, con el maestro Brines, José Mª Álvarez, tratar a gente como Alberto Manguel, Paloma Pedrero, Chantal Maillard, Margalit Matitiahu, Luis Antonio de Villena, Maram al-Masri, Joan Margarit, entrevistar a Leopoldo Mª Panero, Ricardo Piglia, actores como José Mª Pou, bailaores y bailarinas como Israel Galván o Tamara Rojo, cineastas como Fatih Akin… Vivir cientos de escenas que, como digo, anteriormente eran soñadas. Claro que mereció la pena. La sigue mereciendo. Hasta el final.

—LMM: De salud bien, ¿no? Digo de la revista.

—JDDG: Tuve una caída de ilusión por el proyecto en 2013. El ego miserable del gremio literario me redujo la energía revistera al mínimo. Quería dedicarme sólo a escribir, disfrutar de la familia y de la publicación de mi libro Ártico, leer y viajar con más frecuencia, apartarme de la actividad y las tragaderas que requiere estar al frente de una revista… Pero mi amigo Ángel Manuel me animó, me recargó las pilas y cogió las riendas como editor y promotor en redes sociales. Está haciendo un trabajo estupendo y desde 2014 co-dirijo El coloquio de los perros en una posición entusiasta, intentando mantener el respeto que se le tiene y coordinando contenidos con la misma energía que antaño, si cabe. Una energía transformada, más serena, más adulta. En el fondo, más libre.

—LMM: ¿Y las contantes vitales del sistema educativo español? ¿Tiene la tensión baja? ¿Está en estado crónico?

—JDDG: La enseñanza pública sí. Su salud se deteriora velozmente por el creciente e imparable desafecto que la actual sociedad siente por el concepto de lo público. No siempre ha sido así. La realidad española y la televisión que nos educa han cambiado radicalmente desde el PSOE felipista y la presencia de periodistas como Lolo Rico o Paloma Chamorro.

—LMM: ¿Te sientes maltratado como profesor por la presión de ciertos medios de comunicación tras el estallido de la crisis? Aquí tienes la oportunidad para mandarle un recado a todos los que piensan que los educadores son unos vagos.

—JDDG: Sí, claro que me siento maltratado. ¿Sabes eso de que España tiene tantos entrenadores de fútbol como habitantes? Pues es perfectamente aplicable al mundo de la enseñanza. […] Respecto al recado a ese sector poblacional tan amplio que, envenenado por sus frustraciones y complejos, no quisiera profundizar demasiado, porque no me apetece entrar en la cárcel.

—LMM: ¿Y el ambiente revolucionario (o contestatario) en las clases? ¿Crees que los chicos de ahora saben o quieren organizarse para defender sus derechos y de los que vendrán en un futuro, o hay cierto borreguismo y tendencia a la pancarta fácil?

—JDDG: Organización poquita. En algún grupo muy localizado de alumnos observo argumentos e inquietudes políticas con un criterio digno de su edad y formación.

—LMM: Vaya futuro nos espera. ¿Y a la cultura en general y a la poesía en particular?

—JDDG: Ahí sí. Tengo la suerte de impartir clase en Bachillerato de Ciencias, Humanidades y Artes, de modo que, salvo excepciones, palpo ganas de aprender todo tipo de cosas relacionadas con la cultura, poesía incluida. Aquí debo decir que alimentar eso adecuadamente depende del docente, de las ganas que tenga el docente de que aprendan todas las posibilidades infinitas de la subordinación sintáctica o de que se queden boquiabiertos con un fragmento de El club de la lucha o con un poema de Chantal Maillard.

—LMM: A ver, no hagas trampa. Sólo puedes elegir una de estas dos opciones: 1) En este país se ha leído siempre poco y mal. 2) Se publica demasiado para la poca demanda existente.

—JDDG: La primera. No me cabe la menor duda.

—LMM: Entonces, ¿no crees que nos estamos acostumbrando a realizar constantes brindis al sol con esto de la literatura? ¿No sería mejor dedicar todas nuestras energías a brindar menos y beber más?

—JDDG: ¡Qué va! Estoy encantado de pertenecer a La Résistance. Además, no veo ningún tipo de incompatibilidad entre el alcohol y los libros. «Una botella sin descorchar es una fiesta que aún no ha empezado», decía un personaje de novela llamado Chinaski. ¿Te suena?

—LMM: ¡Jajaja! Bueno, amigo, te deseo la mejor de las suertes a la espera de ese nuevo poemario.

—JDDG: Que los dioses te escuchen y escalen por tu montaña muchos lectores interesados en adquirir Un fotógrafo ciego. Ahí vamos.

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