“Juventud sin Dios” de Ödön von Horváth

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Juventud sin Dios de Ödön von Horváth

Hoy os queremos acercar una obra que nos ha atrapado, literalmente, desde sus primeras páginas. Ödön von Horváth fue un dramaturgo y novelista nacido en el extinto Imperio Austro-Húngaro que conoció la fama por sus obras teatrales en el Berlín anterior al régimen nazi. Llegado 1933 se convirtió en un autor prohibido y tuvo que emigrar, primero a Austria y posteriormente a diversas ciudades europeas. No es un autor que haya tenido, desgraciadamente, muchas traducciones al castellano, por lo que para el gran público no deja de ser una novedad por descubrir.

Y lo hemos hecho deleitándonos con la concisa literatura que el autor dejó en esta obra. Una narración en la que podemos palpar, oler y entender (si es posible) cómo se empezó a germinar la semilla del mal en la Alemania de Hitler. En la escuelas. Ödön, a través de una trama que cabalga entre la intriga y la reflexión constantemente, denuncia la manera de asumir unos valores tan simples como perversos por parte de la burguesía, a todos los niveles. La militarización y el concepto de raza hacen de las escuelas fábricas de futuros monstruos en las que las aberraciones de la juventud florecen con un magnífico abono proporcionado por toda las instituciones y estamentos de la sociedad germana.

Toda esta fotografía la vemos bajo la mirada de su protagonista, un maestro al que apodan “El negro” por tener la osadía de defender que las personas de color son, al igual que los blancos, seres humanos tan dignos como otros. Un maestro que se verá amordazado por una sucesión de avatares y sucesos que lo llevarán a plantearse los propios límites de su identidad.

No os queremos contar más. Solo recomendaros que, siendo conocedores de los tiempos que corren y que la memoria es corta, leáis esta magnífica obra.

Por desgracia para todos nosotros, Ödön tuvo un trágico final en su breve estancia en París. Una noche del verano de 1938  murió al caerle encima la rama de un árbol durante una tormenta eléctrica en la Avenida de los Campos Elíseos.

Tal y como dice en la obra el cura del pueblo al cual va él con los niños de “Campamento“: “Dios es lo más horrible del mundo”.

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