Blog

Elige tu propia aventura

Seguro que todos los nacidos durante la segunda mitad de los años 70 recordarán los populares libros titulados «Elige tu propia aventura», en los cuales ibas saltando de página en página según las diferentes opciones que te daba el narrador de turno. No eran, ni por asomo, libros de calidad, pero a más de uno nos hizo de buen acompañante durante alguna tarde de verano.

Pues bien, el que os escribe, ya crecidito y muy lejano de aquellas tiernas edades, fue eligiendo su propia aventura, como aquél que dice. Y llegué a forjar de la nada esta librería que bien conocéis como La Montaña Mágica. A partir de aquí, me dije: Alea iacta est.

Y aquí estamos viviendo una auténtica montaña rusa (como me bautizaron las chicas de la Biblioteca del Ramón Alonso Luzzy), un devenir incierto pero nada aburrido, cierto es.

Lo peor es que,  a veces, el narrador de esta parte de mi historia se pone un poco esquizofrénico y me pone en situaciones que, como poco, me quitan la respiración.

Un ejemplo claro os lo voy a a ilustrar ahora mismo. Entra a la librería un hombre ya entrado en años, posible jubilado, con rostro afilado y gafas de montura insoportable. en sus manos, me doy cuenta nada más verlo entrar, lleva enrollado un cuadernillo de publicidad de alguna gran superficie.

-Oye -me dice el caballero-. El último de Ken Follet.

-Claro- le respondo, y tomo rumbo a una montaña de libros marrón caquita.

-¿Cuánto cuesta?- me pregunta. Y a mí, con el ejemplar ya en las manos, me dio mala sensación la cosa.

-Pues xx,xx euros.

-Ah, bien.

-¿Se lo envuelvo? ¿Es para regalo? -le pregunté ansioso de cerrar la venta.

-Pues mira, te quiero enseñar una cosa.

El horror y el esperpento hicieron, de pronto y sin previo aviso, acto de presencia en La Montaña. De pronto, el hombre mayor desplegó la publicidad ante mi cara y señaló con su dedo índice, como Colón el Nuevo Mundo, a Ken Follet con un x% de Descuento, una maldita miseria por la que muchas personas luchan como si les fuera el honor en tremenda hazaña.

¿Y? -le respondo dsitraído sin hacerme el enterado.

Hombre, si me haces una rebaja mejor – me contestó con media sonrisa el pájaro viejo, porque era una pájaro viejo. – Así, además, me ahorro de tener que darme un largo paseo hacia el  xxxxxxxxx.

Bien, este es el momento en el que el jodido escritor en este libro de mierda de «Elige tu propia aventura» te pone tres opciones:

1) Le haces el descuento automáticamente y quedas genial con el cliente (porque dicen por ahí que siempre tiene la razón) mientras te quedas con un dolor de estómago que puede durarte una par de días. Pasa a la página 34

2) Te niegas a hacerle el descuento. Le discutes su actitud y le explicas que los libros cuestan lo que cuestan, que tú no le pones el precio, que tu margen es una mierda, que los pequeños comercios por allí, que el Tajo Británico & CO es Satanás, etc. Pasa a la página 66

3) Le miras fijamente a los ojos, no respiras, no pestañeas, el silencio lo invade todo. Dentro de ti nace un Sol inmenso que puede quemarlo todo, despierta un León sediento de sangre y tu Corazón late con al intensidad del Cosmos. Pasa la página 1, vuelve a empezar, nenico.

images

Pues eso. ¿Que elección harías vosotros, amigos Montañeros?

Iluminadme, por favor.

 

 

 

 

El libro más robado del mundo

desa

El pasado Sábado, casi a la hora del cierre, apareció un joven que se iba de viaje e iba buscando, con verdadero empeño, el Libro del desasosiego del portugués Fernando Pessoa. Decía haberlo buscado por varias librerías de la ciudad (?¿) y no haber tenido suerte.

Allí me encontraba yo, con uno de mis clientes habituales, Pepe Olmos, presto a solucionarle el aprieto intelectual, cuando por mi cabeza me asaltó una sombra inevitable: ¿Cuántos días hacía que no veía ese libro por las estanterías? Suele ocurrirme que cuando me solicitan un título (de los clásicos, claro está) y me entra cierto nerviosismo es porque, como poco , me va a resultar difícil dar con él. Y éste era el caso.

La búsqueda, en principio, debía ser sencilla. En la base de datos me salía en existencias, la localización bastante clara, pero no había manera. Pepe Olmos, con el gesto de generosidad que le caracteriza, me ayudó en la búsqueda ante la intranquilidad de nuestro huesped.

-Si no me lo han birlado, tengo uno para ti – le dije al cliente.

-Ya estás como Diego Marín – me interpeló con mofa Olmos.

-Más quisiera yo.

Pues bien, birlado estaba. El pobre hombre se tuvo que ir sin su cuota de desasosiego y yo  me quedé con un poco de humo en la orejas. Ya estábamos otra vez con lo mismo. Y es que cada vez que se acercan las fechas señaladas de Navidad o del Día del Libro hay un libro que desaparece como por arte de magia: El libro del desasosiego.

Y no llego a entender el fenómeno en su completa complejidad. Sí que es verdad que Pessoa se ha reivindicado en los último tiempos. En mi librería han venido personas de lo más variopintas preguntando por este libro o por la propia poesía del autor lisboeta. Gente que, a ciencia cierta, no se les puede considerar como buenos lectores pero que, por algún motivo desconocido, consideran que los Planeta (al grupo también lo incluyo), los Dan Brown y los Paulo Coehlo son papel higiénico para el inodoro.

por-donde-mea-ninguna-es-fea

Supongo que como regalo funciona genial. Regalarle a un posible ligue uno de los libros más melancólicos e introspectivos de Iberia es la mejor manera de parecer sensible. Porque hay una cosa que tengo clara: La gente lo roba para utilizarlo como regalo, no para leérselo. Y debe de haberse corrido la voz de que nosotros tenemos siempre la exquisita edición de Pre-Textos, porque ya van varios en los casi dos años que llevamos abiertos.

Y fijaos que he tenido que sufrir hurtos, sisas y malabarismos varios durante este tiempo. Desde amigos escritores que se roban a sí mismos sus preciadas publicaciones, hasta amigos autores que piden el libro de otro amigo autor para robarlo posteriormente. Menos mal que estas cosas quedan entre autores y amigos y demás.

Pero este hecho en concreto me tiene perturbado. Me dije: Nene, esto lo tienes que escribir.

El espíritu de denuncia me invadió y aquí estoy, llorando delante del teclado ante lo imposible. Pessoa es Mainstream, nos lo han robado de nuestro corazón. Dentro de poco, muy probablemente irá la gente por Cartagena diciendo cosas como «Ser comprendido es prostituirse» o «Vivir me parece un error metafísico de la materia, un descuido de la inacción» (Viva Schopenhauer, por otro lado). Y claro, se nos irá de las manos la situación y al carajo con Occidente.

la-peste-negra-medicos-600x309
La Peste Negra, que es lo que sois, mangantes de libros.

Nada, dicho queda. Para aquellos que os interese, el Jueves tendremos otro ejemplar del citado libro. Estará por las esquinas habituales de la librería.

¡Salud!

#1 DISCULPEN (si les llamo caballeros, pero todavía no les conozco bien) con José Daniel Espejo.

Iniciamos una nueva tanda de entrevistas, pero esta vez con un marcado cariz crítico, irreverente y más allá de toda comprensión física.

Nuestros invitados quedan a merced de sus propias contradicciones ante todos nosotros, desnudos y sin afeitar. Y qué más da la estética y la belleza, si nos quedan maravillosas personas como las que os traeremos periódicamente.

Hoy os subimos a La Montaña al poeta y amigo José Daniel Espejo.

Yo de vosotros no dejaría de leerlo.

#1 DISCULPEN

 

PRIMERA DISCULPA

JUSTIFIQUE LA UNIÓN DE ESTOS DOS CONCEPTOS: POESÍA Y TERRORISMO.

Qué complicao. Pero lo voy a intentar. He llegado hasta donde estoy (LOL) vendiendo motos, así que vamos. Poesía y terrorismo parecen términos antitéticos, tal vez también antiéticos. Pero, y cito a Albert Rivera, los extremos se tocan. Hay que tener en cuenta , además (pero esto ya no lo dice, nuestro amigo extremocéntrico) que tanto la etiqueta “extremo” como “terrorista” son una construcción: las decisiones de un ministro de economía actual del montón, ponle Guindos, pasarían en los 70 por alta traición contra la soberanía nacional, por chaladuras de extrema derecha, por goma 2 social. Las acciones de la PAH (concretamente las caceroladas) han sido equiparadas por nuestros medios de masas con actos terroristas. Sigamos con las definiciones, esta vez judiciales (que además de para rellenar el crucigrama, pueden servir para dar con tus huesos en la cárcel). El poeta leonés Aitor Cuervo está condenado a un año y medio por la Audiencia Nacional por un delito de enaltecimiento. La práctica totalidad de los y las poetas de Palestina se vienen enfrentando a acusaciones parecidas, desde Dareen Tatour hasta Mahmoud Darwish. ¿Parecen exotismos, casos aislados? ¿Por cada Federico o por cada Miguel Hernández que muere hay mil poetas catedráticos que crean plácida y libremente a lo largo de toda su vida? No sé.

Ampliemos el foco. Retrotraigámonos. Si la poesía fuese una actividad sin relación alguna con lo que determinados gobiernos llaman terrorismo, si a nuestros mandantes les diese igual un poeta que un registrador de la propiedad, ¿por qué el número de poetas represaliados, encausados, exiliados o silenciados excede al de registradores de la propiedad en número tan aplastante? Tal vez el mayor éxito de los programas antipoetistas estatales consista precisamente en eso, en extender la idea de que la poesía debe ser tan inocua como el registro de propiedades. Nada tan desarticulador como eso: ya los poetas que empiezan lo hacen con armas de plástico. Y sin embargo, ninguna transformación, en ninguna sociedad, se produce sin el concurso de la poesía. Lo que me da pie para volver a colocar por aquí una de mis citas favoritas, esta vez no de Albert Rivera: “Si quieres construir un barco, no empieces por buscar madera, cortar tablas o distribuir el trabajo. Evoca primero en los hombres y mujeres el anhelo del mar libre y ancho.”.  Ah, sí, perdona. Es de Saint-Exupéry.

 

 

SEGUNDA DISCULPA

CONFIESE: AMA LA NUEVA POESÍA QUE INUNDA LAS ESTANTERÍAS DE LAS LIBRERÍAS.

Claro que confieso: yo caí enamorado de la moda juvenil, de los precios y rebajas que allí vi, etc. Normal. Llevo leyendo poesía española (y, marginalmente, escribiendo un poquito también) desde finales de los 80. Asistiendo a nuevas olas que no tenían gran cosa de nueva, ni tampoco de ola, porque siempre eran cosa de un editor en concreto, o de un pequeño grupo de creadores. Mi experiencia lectora, que se extiende ya a -snif- tres décadas me dice que todo lo que ocurre en la poesía española contemporánea lo hace dentro de los límites de un espectro muy angosto de posibilidades, de un repertorio paupérrimo de tonos, de materiales, de herramientas críticas, de modos de recepción. Hay cierta mentalidad de búnker que impide a nuestra poesía reírse de sí misma -con fantásticas excepciones, claro-, o evolucionar sin complejos, o confluir con otras formas de expresión, o significar realidades específicamente contemporáneas, o -incluso- leer fuera de sus fronteras. Un canon, para mí, algo casposo y chauvinista, esclerótico. Y de repente ves aparecer a todos estos millenials, totalmente ajenos a las acostumbradas estructuras gremiales de relevo generacional (aún basadas en la figura del mentor, tú fíjate, aún con sus normas consuetudinarias y sus círculos concéntricos y sus ritos de paso) en la poesía española, legitimados por un público también hasta ese momento ajeno, ganado gracias a las redes, a saber leer el momento, también por qué no a la construcción de un personaje, a habilidades performativas, a encanto personal. Pero sobre todo gracias al manejo desenvuelto de unos cuantos topoi y unas cuantas técnicas bien aprendidas allí donde nadie parecía estar mirando: las inmensas fuentes de la poesía popular en castellano, el cancionero de la radio, el cine, la tele, internet, etc.

Así que claro que me enamoré. Y no es cierto eso de la banalidad generalizada. Había propuestas interesantes, poetas que luego siguieron creciendo en otras aguas. Lo que les caracterizaba era haber conectado, a través de las herramientas propias disponibles gracias a internet, con un público joven que hasta ese momento no se había acercado a esa poesía de los expositores mal iluminados del fondo de las librerías. Empezaron a caerme bien nada más arreciar las críticas contra ellos, una rumiación increíblemente reaccionaria, sin argumentación, basada en versiones giratorias del “eso no es poesía” de toda la vida.  Se  ponían a hablar y a mí me parecía estar oyendo a un prerrafaelita opinar sobre un graffitti, o a un viejo catedrático entonando el o tempora o mores ante la galopante falta de asistencia a sus clases.

Pero (y por fin llego al pero, perdona la extensión del preámbulo) había un problema: los listos. Desde el minuto uno, el fenómeno estuvo acompañado de comerciantes con olfato (acuérdate del affaire Lapsus Calami, editorial nacida con la década) que han terminado por construir un segundo canon, tan esclerótico o más que el tradicional, tan caricaturesco, a base de colocar poesía en los hipermercados de España. Mientras escribo estas estupideces, hay poetas enviando primeros libros a toda una gama de editoriales (las malignas: Frida, Harpo y Valparaíso, pero también las nuevas subdivisiones de grandes grupos, creadas ad hoc para subirse al carro youtubero) que empiezan por buscar sus nombres en Google y redes sociales, para ver si trae el chaval los deberes hechos de casa y la cartera de clientes ya abultada. Lo que me jode de todo lo cual no es, obviamente, que la industria editorial quiera ganar pasta. Lo que me jode es que todos esos poetas jóvenes ya sepan lo que tienen que hacer para pasar por ese aro: qué tono, qué temas, qué técnicas, qué pose y hasta qué ropa utilizar. Una esclerosis inaceptable, una uniformidad de puro bostezo precisamente en un arte tan necesitado -sabemos desde Shklovski- de остранение: extrañamiento. Pero que me da pie a colocar -otra vezzzz- una de mis citas favoritas de todos los tiempos, ésta de Jean Améry, de Años de andanzas nada magistrales (1971):

El capitalismo monopolista refleja fielmente sus abusos en el juego de sociedad intelectual que convierte en norma el hallazgo y la transmisión de pocos nombres, pocos pensamientos y pocas formas de lenguaje. El nombre se convierte en etiqueta de calidad para la compra. Acaba siendo comparable a la empresa gigante que devora a todas las demás del mismo ramo. A lo peor todo concluye en que cada vez más personas hablan y escriben simultáneamente sobre cada vez menos fenómenos intelectuales. Y esta es toda la triste grandeza de la actividad intelectual en la sociedad capitalista.

 

TERCERA DISCULPA

ANALICE ESTA FRASE: ES ESTE PAIS NO SE LEE. NI BIEN NI MAL. NO SE LEE. VAYA MIERDA DE PAIS.

El País no se lee mucho ya, eso es verdad. Te contestaría pero eso excedería con mucho el propósito y las extensiones de este Bueno, en realidad no. El País no se lee porque se ha convertido en propaganda en un 99%.

Oquei, oquei, ya paro con los chistes fáciles. Vuelvo. En este país. He puesto las palabras clave “En este país” en la cajita de Google y me ha salido esto:

pais

 

En este país, las frases que empiezan con “en este país” suelen ser lapidarias, pesimistas, nostálgicas de un pasado poco democrático, reaccionarias o, simplemente, cuñadas. En este país podemos ignorar tranquilamente toda frase que empiece con las palabras “en este país”. En este país no sería descabellado imaginar la posibilidad de un articulista/tertuliano que empezase cada frase con esas tres palabricas. En este país hipotético del tertuliano muletillero que acabo de describir, un país muy ligeramente distópico, ese señor llegaría lejos, muy lejos. En este país, póngame un cuarto de chopped. En este país, ¿qué haces luego, chata? En este país, solo un par de vinos, agente, se lo juro.

En este país no sé si se lee poco. Los datos de la industria editorial son bastante desastrosos, pero si te fijas, desde el principio de la crisis, se editan más títulos. Nunca exageraremos la importancia de las condiciones técnicas de producción -y perdona que me ponga marxista un momento-, y en el caso del mundo de la edición los avances en impresión digital lo han puesto todo patas arriba. Sin esos cambios en las necesidades de producción, nunca habríamos tenido la explosión de editoriales independientes que estamos disfrutando, y digo disfrutando porque me parece un cambio democratizador que favorece al común de los mortales, redistribuye el poder, fundamental, de decidir qué se edita y qué no. Soy perfectamente consciente de que diciéndole estas cosas a un librero recio de casi dos metros me estoy jugando una yoya. Sé que gran parte de las presiones que sufre la industria editorial recae sobre las librerías, pero la que quiere sobrevivir entiende que no es un Carrefour, y mantiene expuestas también las novedades de las editoriales pequeñas. La long tail, que le dicen a esto.

Por otra parte, las modalidades de lectura no computables en las listas de más vendidos, como el préstamo en bibliotecas, la segunda mano, la descarga alegal o la lectura en pantalla (esta última modalidad nada despreciable si hablamos de poesía -género que parece pensado para internet-) se han disparado. ¿Qué hace esa gente que -reza el cliché (uno que probablemente empezará con las palabras “En este país”)- no despega los ojos de la pantalla del móvil, si no, mayoritariamente, leer? ¿O acaso eso no es leer?

Dios mío, qué brasas soy. Sacadme de mi agonía, anda.

josedas
José Daniel Espejo

Entrevista a Noelia Illán Conesa

noe3
Noelia Illán Conesa

Esta vez os traemos al blog de La Montaña Mágica a Noelia Illán Conesa, poeta, editora y traductora, amante de los maestros y un cuarto de alma de esa maravilla de revista llamada La Galla Ciencia. Aquí os dejamos sus impresiones sobre lo humano y lo divino.

La Montaña Mágica  A ver, cuéntanos cómo surgió lo de La Galla Ciencia. Y dinos la verdad, no vale eso de que os juntasteis cuatro amigos alrededor de un café y augurasteis el apocalipsis de la poesía si no se hacía algo.

Noelia Illán Conesa  No fue un café: fueron unas migas hechas en vitrocerámica con 6 o 7 botellas de vino de Bullas. Después de un tiempo quejándonos de que no hubiera una revista de poesía en condiciones (bla bla bla)…, nos pusimos en marcha una tarde de alcohol (o más bien al día siguiente). Teníamos inquietudes similares y fue fácil ponernos de acuerdo.

MM – ¿Y cómo va el negocio? ¿Habéis encontrado una respuesta por parte del público lo suficientemente calurosa para pensar en una larga vida para la revista?

NIC – Negocio poco, porque las ventas de la revista nos permiten sencillamente continuar con el proyecto. De momento está funcionando muy bien: tiramos como mínimo 500 ejemplares de cada número, salvo de los últimos (de los que ya nos atrevemos con 1000), y de momento cumplimos con las expectativas. De todos modos, la vida de una revista ha de ser relativa, como decía Juan Ramón, y todos sabemos que algún día La Galla Ciencia descansará en paz.

MM – Yo de todas formas tengo una teoría sobre vosotros. Lo hacéis porque os da la gana y punto. ¿Cierto?

NIC – No puedo quitarte la razón. Si nos paramos a pensarlo, no sale a cuenta, jajaja. Pero también te diré otra cosa: las satisfacciones personales que produce codirigir una revista como la nuestra (y todo lo que implica) son enormes y tremendamente placenteras.

MM – Y ya hablando de ti, cuéntanos tus andanzas poéticas. ¿Cuál es el primer recuerdo que se te viene a la mente de tu relación con la poesía?

NIC – Quizá leer a Bécquer, siendo muy pequeña, y un libro de “poesía para mujeres” o algo así que solía leer mi abuela alguna noche. Luego ya vino la adolescencia y la amplitud de miras, pero supongo que casi todos empezamos echando mano de algún libro de nuestros padres que tenemos en casa.

MM – ¿Y llegará el momento en el que abandones la escritura?

NIC – No es postureo: ¡llevo 4 años sin escribir un verso! Bueno, mentira: he escrito uno, pero más allá de ese, absolutamente nada. Estoy en barbecho, que diría Soren Peñalver. De todas maneras, no me preocupa. Los poemas, si han de salir, saldrán. Son épocas, supongo.

MM – Yo cada vez tengo más respeto por la poesía y, por lo tanto, menos cariño por los poetas. ¿Tú qué tal?

NIC – Jajaja. A la Poesía, con mayúsculas, hay que respetarla; y a veces son los mismos “poetas” (con comillas irónicas) los primeros que no la respetan. ¿Se escribe mucho? Quizá. ¿Se lee poco? Seguramente. Escribir poemas es más barato que pintar cuadros, y creo que ese es uno de los principales motivos por los que nos invaden con poemarios diariamente. Pensemos un poco las cosas, digo… Pero después de soltar esta parrafada modo crítica severa, te diré que soy una de esas grupis de Poetas y estoy terriblemente enamoradísima de muchos autores (los buenos, los grandes, los honestos, que siempre mejoran en persona).

MM – Y ya que estamos calentitos, ¿qué opinas de la nueva hornada de poetas jóvenes? Ya sabes, los Frida, los Harpo, etc. ¿Se arrepentirán algunos de haber pertenecido a estos sellos? ¿De otros no recordaremos (ya lo no lo hacemos) sus “@nombres” dentro de un tiempo?

NIC – Supongo que, como en todo, algunos pasarán “sin pena ni gloria” y otros seguirán haciendo ruido mucho tiempo. Y digo ruido, pero no lo digo peyorativamente. Algunos -espero, créeme- mejorarán con el tiempo y serán excelentes poetas, porque a veces lo único que hace falta es eso: tiempo. ¡Y leer más!

MM – Sigamos centrándonos en materia: ¿La poesía femenina esta desvirtuada, desvalorada o despistada? Porque yo no lo tengo claro. Me acuerdo de la que se formó con las declaraciones del Señor Visor y fíjate que ahora Elvira Sastre es como el Cristiano Ronaldo de su editorial. La verdad que no sé qué pensar. ¿Y tú?

NIC – No creo que sea bueno hablar de poesía femenina y masculina. La poesía, como el Arte, debe tender a la universalidad. Si no lo hace, es un error porque nosotros sí que la estamos desvirtuando al adjudicarle esas etiquetas.

MM – Bueno, está claro que la poesía la escriben poetas, da igual su condición sexual, y ¿cuál es tu medicina para seguir escribiendo? ¿Sigues algún ritual? ¿Algún Gin-Tonic?

NIC – No, salvo estar tranquila, buena música y silencio. ¡Y tirar muchos papeles!

MM – “Señores, estamos perdidos”. Así termina uno de los poemas de tu último libro. ¿La cultura occidental acelera hacia el ocaso?

NIC – Totalmente. Ya no hay marcha atrás. Pero hay que intentar aguantar lo máximo, y con la mayor dignidad posible.

MM – Y ya para terminar, querida Noelia, deja aquí unas palabras de ternura y amor para todos los ávidos montañeros que leen estas entrevistas. ¿Viviremos para contarlo o lo contamos mejor ya por si acaso?

NIC – Viviremos para contarlo. Y lo mejor: nos reiremos. Gracias, querido.

Entrevista a Alejandro Hermosilla

Hoy os acercamos la figura inigualable de Alejandro Hermosilla, escritor de raza, wrestler de la literatura y laberíntica persona que ha dejado su huella -y nunca mejor dicho- en La Montaña.

Para todos los que no conozcáis al Martillo de México, para los que no hayáis escuchado su palabra de Bruja, aquí lo tenéis. Todo vuestro.

alej
Alejandro Hermosilla

La Montaña Mágica – Hola Alejandro, aún tenemos en la retina la última presentación que hiciste en La Montaña. ¿Estás preparando algo para este 2017?

Alejandro Hermosilla – No sé si nos admitirán, pero si es así, deseo presentar junto a un fascinante performer afincado en Murcia, Domix Garrido, un acto creativo relacionado con la novela Bruja en Mucho más mayo. Y si es posible, llevarlo también a algún otro lugar como la librería En las nubes o algún bar o espacio de Alicante. Yo no soy más que un amateur, un aficionado de la performance pero Domix sí que es un verdadero artista y confío aprender mucho de él. En cuanto a México es difícil predecir. Te pongo un ejemplo.  Pensaba presentar Bruja en un espacio de Cuernavaca pero la persona que iba a organizar el acto, ahora está amenazada de muerte. Algo no demasiado extraño en este país. En México todo es más difícil. Pero cuento con dos actores estupendos, Germán Munguía y Abril Pimentel, y si es posible, además de alguna presentación universitaria, prepararé junto a ellos, seguro, dos o tres improvisaciones callejeras. Quiero ir con violinistas y Germán y Abril a bares y realizar un pequeño acto artístico de 5 minutos relacionado con Bruja. Interrumpir la vida nocturna de los antros y presentarles esa fantasía onírica. Y también me gustaría llevar a cabo algo en las plazas de algún pueblo mexicano. Ya veremos cómo se van dando las cosas.

En cuanto a libros, pues tengo prácticamente terminada otra trilogía: El jardinero, Ruido y Puercos. Pero creo que para no saturar, lo mejor es ir sacando un libro cada dos años. Y creo que lo ideal por tanto es que El jardinero vea la luz después de que aparezca Tormenta. Novela que publicaré obviamente con la maravillosa Editorial Balduque en el 2018.

MM – Genial entonces. ¿Sabes? Cada vez que paseo por la librería y bordeo una losa en concreto me acuerdo de ti y sonrío. En serio.

AH – Te refieres, supongo, a la grieta en el suelo que hice al golpear con mi martillo sobre un pequeño yunque de hierro en la presentación de Bruja. Bueno. Te comento. Todo aquello fue obviamente improvisado. Yo soy muy distraido y poco práctico. Un Quijote nihilista o budista, según los días. Y horas antes, cuando preparaba el acto, no me di cuenta de que al golpear con el martillo en el hierro, esto afectaría al suelo. Hubo por cierto en ese acto un momento en que pensé dejar de martillear pero finalmente, seguí. Continué dando martillazos como pude. Pensé, bueno, luego hablo con Vicente y si le tengo que pagar 100 euros pues se los daré. Afortunadamente, no me cobraste nada y agradezco mucho que así fuera. Ja,ja,ja. En fin. A raíz de esa noche, y para no tener problemas, llevo a todos los actos una tabla de madera para amortiguar los golpes del martillo en el hierro.

MM – ¿Qué significa en verdad ese Martillo?

AH – Bueno. Yo soy un absoluto fanático del Thor de Walter Simonson que fue el primer cómic o libro que me hizo llorar. Para mí, el Thor de Walter Simonson es mi Iliada particular, como La Odisea pueden serla los cómics de El Jabato. En fin, no sé cómo lo hice, pero antes de llegar a los 13 años, tenía una colección de casi 1000 cómics. Pero mi favorito, sin ninguna duda, el que me adentró para siempre en el mundo de la narración adulta, fue el Thor de Walter Simonson. Leyendo ese ciclo genial que empieza con la derrota de Thor a manos de Rayo Beta Bill, me enamoré para siempre de los martillos. Cada vez que Thor lanzaba el martillo, sentía que algo ocurría. Alguna compuerta con el mundo divino se abría. Y eso es lo que siento al agarrar el martillo en las presentaciones. Que hay un poder detrás que está moviendo los hilos para conseguir que algo ocurra que ni yo mismo sé controlar ni definir. Respecto a un significado intelectual del símbolo martillo pues obviamente, para mí es un instrumento que me sirve para abrir mentes y cabezas. Para empezar, la mía. Yo funciono por contrastes. Basta que alguien critique a Jodorowsky y lo ridiculice para que me ponga a contemplar escenas de la maravillosa La montaña sagrada. Que alguien me habla de Morrissey, pues yo me pongo a escuchar Scorpions o W.A.S.P y con mucho gusto. Y si alguien alude a la gran modernidad del Primavera Sound, pues rápidamente algo en mí se pone a buscar grabaciones de Chopin, Alban Berg o Shostakovich. En fin. No lo puedo evitar. Y con el libro Martillo, obviamente, creo que mostré cómo funciona mi mente pero en este caso, con el mundo árabe. Harto de críticas al mundo árabe y la típica demonización pues quise enaltecerlo, idealizarlo. Pero como a alguien se le ocurra hablarme maravillas de aquellos países, no me extrañaría que me diera por hacer un texto enalteciendo el mundo occidental. Eso es Martillo. Romper, fracturar todo lo que solemos creer del mundo. Pensar en bruto.

MM – Has confesado repetidas veces que Bruja, tu última obra, publicada en Balduque, es un poco compleja. ¿Por qué? ¿Podrías darnos algunas pistas para no perdernos?

AH – Pues imagina una película tipo Mulholland Drive de David Lynch narrada con un lenguaje preciosista o simbolista a lo siglo XIX. O una especie de poema místico extendido a lo largo de más de 200 páginas. Creo que eso ya habla por sí mismo de la dificultad del libro.

Bruja es más compleja que Martillo porque las mujeres, según mi punto de vista, son por lo general más complejas que los hombres. Y Bruja es la segunda parte de la trilogía onírica. La parte femenina. Es decir; quiero acercarme a la realidad de la bruja que la protagoniza como si estuviera soñando. Imaginemos que alguien sueña con una bruja pues así quiero que el lector entre en la historia. Y por eso, esos personajes que aparecen y desaparecen hasta que sólo al final, revelan lo que son o podrían ser.

Bruja es una indagación en la parte oscura de las mujeres. En la parte salvaje del mundo feminino. Es una crítica voraz al feminismo pero también una explicación ancestral, casi mítica, de su origen. Las primeras páginas de la novela son muy lentas. No ocurre nada. Estamos dentro de un castillo que en realidad es un útero. Y bueno, si al lector no le gustan los juegos metafóricos de palabras sinuosos que compongo, pues se irá del libro. Como si no le presta atención con los cinco sentidos. Algo que parece un suicidio solicitar en la era facebook. Pero si por alguna razón, sí conecta con el libro, entra dentro de su atmósfera, creo que puede vivir una experiencia mágica y diferente. Si en Martillo veíamos los monsruos de Lovecraft en movimiento, aquí vamos a conocer a quien engendra los monstruos. El vientre donde se mece Satán o Chulthu o como se quiera llamar. Porque convendremos que Chulthu, todos esos effrits de Las 1001 noches tienen que surgir de alguna parte. ¿No es así?

Resumiendo la historia sería esta: una muchacha es acusada de brujería y huye a un bosque. Allí se sueña bruja y se proyecta hacia el pasado y el futuro permitiéndonos entrar en su mundo interior. Del cual es sacada, cuando en las páginas finales del libro es atrapada por sus captores y condenada a tener un hijo que en cierto modo, es el diablo. Y en gran medida, es símbolo de esta irritante época de plástico que vivimos.

No me gustan demasiado los libros que se pueden explicar con claridad. Bruja como Martillo no es totalmente explicable. Un gran amigo mexicano, Fabrizio Nolasco, me comentó que Bruja le había gustado pero que no podría definirla. Que no sabía lo que era Bruja. Bueno, él me quiere mucho y por eso tuvo la paciencia de leerla y llegar a uno de los rincones donde me gustaría llevar al lector. Pero veo lógico que muchos que ni me conocen ni me quieren como él, abandonen el libro. Lo lógico es que Bruja encuentre su público y sus lectores dentro de bastante tiempo. Espero reseñas de Bruja dentro de un año y medio o dentro de tres o cuatro. O de diez o veinte. Es un libro femenino. Tiene otro modo de actuar que Martillo. Y no me preocupa que marche lento. Sé que llegará el tiempo de Bruja. Un momento en que se comprenderá. Las brujas son más misteriosas, sufren más rechazos, no son actuales pero por lo general, tienen sus maneras de imponerse mucho más secretas.  Pienso que en futuro más cercano o lejano llegará el momento de Bruja y de hecho, voy a insistir en ello porque yo creo en el libro. Pero entiendo que el reto es tan grande y complejo que tendré que dar alguna facilidad. Creo que haré pronto alguna guía para lectores digamos normales.

Obviamente, Tormenta será mucho más movediza y seguramente, mucho más sencilla, pero no porque así pueda llegar a más público. Lo será porque es la parte travesty de la trilogía y los travesties siempre se están moviendo. Por lo general, son muy divertidos.

MM – ¿Cuánto de Bruja hay en tu interior?

AH – Lo que hay mío de Bruja está en la novela. La novela soy yo y esa es la bruja que hay en mi interior. Soy bruja cuando leo mi novela o cuando hago una pequeña performance. Más allá de eso, no sé qué es ser bruja ni me interesa el tema. Mira. Anakaren Rojas hizo una reseña que me gustó mucho para un periódico mexicano, El sol de Tlaxcala. ¿Sabes por qué me gustó esa reseña?  Porque fue muy sincera. Más o menos, dejó traslucir que valoraba el libro, el desafío pero que no sabía bien qué estaba leyendo. Que eso le producía fascinación pero también desesperación. Me gustó porque fue sencilla y sincera. A veces, más que de un libro, tenía la sensación de que estaba hablando de una bruja, y eso me gustó mucho. Porque es que el libro no es tanto una novela sino efectivamente una bruja. Comprender eso es penetrar en el corazón del libro. Pero entiendo que es difícil llegar ahí.

MM – Leí “Martillo” (sé que nunca te lo he dicho) y, además de sorprenderme gratamente, me quedó esta conclusión nítica y concisa. El hombre por su condición imperfecta esta destinado a encontrarse en un viaje constante. ¿Me equivoco?

AH – Creo que es una buena lectura. No sé qué más puedo añadir. A ver. Recuerdo estar en Brindisi (Italia) junto a Nacho y Carolina de la Galería de Arte T20, mi novia de aquel entonces, Mari Luz y 12 o 14 personas más. Íbamos a cruzar en barco hacia Italia pasando junto a Itaca. Yo estaba emocionado. El destino final de aquel viaje era Estambul y de repente, alguien dijo que habían puesto una bomba en la capital turca. En media hora, todo el grupo menos cuatro o cinco personas había decidido volverse a España o seguir en Italia. Y yo obviamente opté por ir a Turquia vía Grecia. Porque creo en ese viaje constante. Recuerdo cruzarme por ejemplo una mañana con el gran José Daniel Espejo. Apenas lo conocía y me comentó que estaba viviendo en Sarajevo. Pues bien, me faltó tiempo para decirle si podía visitarlo. Y bueno, fue impresionante ver esa Bosnia todavía destruida por la guerra. Te podría poner más ejemplos en que siermpre opté por el riesgo y el viaje. Y me alegra que veas ese espíritu en Martillo. Yo ya estoy cansado de viajar físicamente. Ahora mismo no soporto los viajes físicos. Tal vez porque vivo en el extranjero y lo que ansío es volver a casa. A España. Pero el viaje interior continúa. Y es muy movedizo y perturbador, como poco.

MM – Para los que no lo sepan, resides en México desde hace unos años. ¿Qué fuiste a buscar? ¿Acaso no iniciaste tu particular viaje del héroe a lo Joseph Campbell?

AH – El viaje del héroe del que hablas nació en otras circunstancias. Te explico. Tras acabar la licenciatura, opté por pedir una beca para hacer una tesis de la literatura del gran Ernesto Sábato (a quien tantos escritores y críticos critican ahora poniendo de manifiesto precisamente el vacío en que vivimos). Tras varios años, la obtuve y pude viajar a Argentina, República Dominicana, Chile, Brasil, Venezuela, Colombia y muchos más países. Viví cosas maravillas, inolvidables que de hecho, no he contado muchas veces a nadie para no generar envidias. Ahí sí que viví un viaje heroico porque además, volví a España y leí mi tesis con éxito y no sé qué decir. Fueron años de aventuras, romances, sueños, locura, pasión. Eso sí que fue heroico. MA-RA-VI-LLO-SO.

A México llegué en el 2007 con una Beca y me fui de allí en el 2009. Realmente, mi regreso a este país en el 2012 estuvo más motivado con el deseo de conseguir un trabajo que de vivir una aventura. Sólo dios, creo, sabe qué hago aquí. A ver. Te seré sincero. Yo ahora no me siento viviendo ningún viaje del héroe. Me siento como Caín. Exiliado. Perdido. Derrotado. Hace poco por ejemplo, la directora de un centro intentó manipularme (y de hecho lo hizo en parte), joderme, pisarme, mentirme. Me han pasado tantas cosas negativas en México, he visto tanta sangre, muerte, humillaciones, odio, mal puro, horror, desastres en los dos o tres últimos años que me siento más destrozado que alegre. Al menos, eso sí, lo he aprovechado todo esto para realizar libros como Ruido o Puercos o El jardinero. Y también Martillo Bruja, claro. ¿No se dan cuenta los lectores que en Martillo y en Bruja hablo precisamente de eso pero en clave metafórica; que el horror de las muertes mexicanas aparece continuamente en ambos libros? Creo que lo importante para mí es que sigo luchando y continúo vivo. Y, sobre todo, encontré al fin creo que a mi alma gemela. Una mujer de la que estoy completamente enamorado y por la que me mantengo aquí. Pero si este amor terminara, en una semana volvería a España. A mi querida España. Realmente, sólo sé lo que hago y le encuentro un sentido a mi estancia aquí cuando estoy con esta mujer de la que te hablo: Susana. El resto del tiempo leo y escribo sin cesar como un hombre perdido. Pero no como un héroe. Ahora mismo, si te soy sincero, ya no tengo ilusiones vitales. Lo que he visto a mi alrededor me las ha quitado. El egoísmo humano llevado a su máxima escala. Y sueño con alcanzar la paz y meditar para conquistar un nuevo espacio interior. Ahora escribo sobre horrores y tal vez de manera compleja, pero te aseguro que un día lo haré de manera sencilla y sobre el amor.

Será tal vez mi manera de imponerme a la miseria y podredumbre que veo diariamente de la que tal vez yo también forme parte, aunque como otra mucha gente lucho por lo contrario. Por aportar algo de luz y bondad y justicia. Pero eso te lleva muchas veces a que te destrocen. En España probablemente, no.  Pero en México, sí. Y no creo que sea tanto el culpable de este hecho la gente sino el sistema implantado que no voy a definir para no herir susceptibilidades, pero bajo mi punto de vista, bordea lo esclavista y lo colonial con lo peor del capitalismo salvaje y la globalización. Una bomba de relojería que obviamente es campo de cultivo para que florezca el narcotráfico y la ley del más fuerte.

MM – ¿Se vive la literatura de diferente manera al otro lado del charco?

AH – Todo en México es mucho más extremo que en España. Yo aquí he visto lo peor del ser humano y también algunos de los seres humanos más nobles. Te comento. Yo pensaba, cuando aterricé en el 2007, por esto mismo que te digo, que la literatura mexicana sería increíble. Porque cuanto más caos hay en un lugar, más interesante es su arte. Los primeros tres meses leía como 20 o 30 0 40 libros -qué sé yo- para comenzar a poner las bases de mi ensayo sobre literatura mexicana y Sergio Pitol. Pues bien, la sorpresa fue que pensando que me iba a encontrar con algunos de los mejores escritores actuales del mundo entero, hallé una literatura oficialista, falta de brío, retórica e irónica en el peor sentido de la palabra. A ver. Amé a Salvador Elizondo, Rulfo -obvio-, Francisco Tario, Ibarguengoitia. Pero la mayoría de libros me parecían insoportablemente de clase media cuando a mi alrededor había muertes y caos. Hasta que comprendí el sistema mexicano. Aquí el P.R.I que no en vano instauró la famosa dictadura perfecta, da becas de gran cuantía económica a creadores. Esto quiere decir, que el Estado paga a escritores por escribir. Y claro, pues la gran mayoría quieren ganar esa Beca que les saque de la pobreza o les consiga los contactos necesarios para alzarse en el poder literario y obviamente, no conseguirán el Premio si critican al Gobierno. Muchos critican al Gobierno, sí, pero sin ir al fondo de la cuestión. Una crítica que en el fondo le favorece al Gobieno porque así da una sensación de libertad. ¿Me explico? Si entras en el grupo de los de arriba pues se te abrirán las puertas de concursos, revistas, fiestas y eso obviamente, provoca que los libros no sean corrosivos. Estén bien escritos, por supuesto, pero no sean peligrosos. Obviamente, este sistema explica movimientos como el infrarrealismo o ciertas partes de la obra de Roberto Bolaño. En el tiempo de los infrarrealistas, en México no estaba implantado el Sistema Nacional de Creadores pero sí el sultanato de Octavio Paz. Y contra eso luchaban poetas que obviamente, fueron ignorados, criticados y expulsados. Y de los que ahora el mismo sistema se aprovecha haciendo por ejemplo que la obra de Bolaño sea prologada por críticos que serían los máximos enemigos y detractores del escritor chileno de estar vivo y no haber conseguido el éxito internacional. Algo que también explica el porqué muchas veces debamos citar a Malcolm Lowry u otros autores extranjeros para captar la esencia simbólica mexicana.

Sinceramente, creo que los mejores escritores mexicanos actuales los conoceré dentro de una o dos décadas y se impondrán a este sistema que ahora mismo no permite visualizarlos. De hecho, los que conozco actualmente no están publicados por editoriales mexicanas. Un gran libro como Anatomía de la Memoria de Eduardo Ruiz Sosa fue publicado por una editorial española, Candaya, que probablemente percibió su alto valor literario y no se dejó llevar por intereses personales o políticos.

Por otra parte, el público en general y las personas honestas, ajenas a estos métodos, pienso que viven la literatura con pasión y nobleza. Y hasta con ilusión. Con ellas sí es un placer hablar. Eso por supuesto. Pero muchas veces estos lectores son víctimas del sistema sin saberlo.

MM – ¿Y cómo se percibe los movimientos de tu tierra natal a través de las redes sociales? ¿No crees que hay un poco de postureo solapándose con un sabor provinciano de nuevo orden?

AH – Mira. Para empezar, creo que el nuevo orden no es más que el viejo orden reciclado. Y el postureo, una forma como otra cualquiera, de frivolidad. Que yo definiría, como una forma de evadir la muerte. Por lo tanto, es algo que está en todos los lugares. Yo amo Murcia. Y en el mundo globalizado en que estamos, creo que lo que indicas, puede decirse a muchos otros lugares. Eso mismo, supongo, se puede afirmar de Zaragoza, Valladolid, Madrid o Barcelona. El Sonar por ejemplo y el Primavera Sound. Con facebook hay que llevar cuidado. Yo de hecho, pongo mis tres o cuatro averías semanales y contesto a quien me habla y muy poco más. Hay que ser cauto en facebook por imperativo de salud mental. Si me preguntas por el ambiente literario murciano, pues te diré que creo que es algo increíble. Hay tantos nombres de escritores que citar, que no lo voy a hacer para no enojar a aquellos de quienes me olvide. Pero vamos, El coloquio, Balduque, Raspabook, Los lunes literarios, Mandarache, Deslinde, La fea burguesía, La Galla ciencia (¡Genial ese número dedicado a Bowie!). En fin. Estoy seguro de que me estoy dejando editoriales, revistas. Murcia es un milagro.

MM -Para aquellos que no te conozcan bien, ¿puedes darnos una relación de los libros que han caído en tus manos durante este 2016?

AH – Creo que la mejor forma de que alguien me  conozca es meterse en la web www.averiadepollos.com   Ahí irá viendo mis filias y muy pocas fobias.

Pero bueno, a ver te citaré algunos. Yo siempre estoy leyendo decenas de libros al mismo tiempo.  A ver. Este año me alucinó leer Extinción de Thomas Bernhard, Al límite de Thomas Pynchon, Lord de Joao Gilberto Noll, la biografía de Lemmy Kilmister, la poesía de Juan García Román, la biografía de Maquiavelo de Marcel Brion, Los jardines estatuarios de Jacques Abeille, Fargo Rock city de Chuck Klosterman, La facción canibal de Servando Rocha, Frente a la gran mentira de Antonio García Trevijano, etc..  Y bueno, decirte que también disfruté mucho con sendas biografías sobre Steve Jobs y Pep Guardiola y decenas de películas. De hecho, este año al fin me tragué casi entera la obra cinematográfica de Bela Tarr y de Paradjanov y buff…¡Algo increíble! Y en cuanto a cómics, creo que The unwritten aun con sus irregularides, es interesantísima y por momentos, casi única.

MM – Anda, dinos algo que no soportes de la literatura actual.

AH – Pues mira, no me gusta mucho hablar en términos de literatura actual. Cuando un libro se me presenta como literatura actual no me suele gustar. Lo leo y suelo aprender cosas, claro, pero no tiende a gustarme. La literatura es o no es. ¿Consideras por ejemplo que tu libro Principio de gravedad es literatura actual? Yo no. Y por eso me pareció tan enigmático y sugerente. Realmente, creo que casi todo lo que no me gusta de la literatura actual, tiene que ver con la sociedad actual. Pero bueno, concretaré. Y te responderé.

1) No me gusta que la literatura se haya contaminado del lenguaje de lo políticamente correcto. Que haya perdido riesgo y locura. Que se mire más lo oficial y el premio que la aventura.

2) No me gusta que para cualquier autor sea tan difícil realizar un libro como conseguir un agente con lo que eso implica en todos los sentidos.

3) No me gusta que los escritores busquen la sencillez o la  brevedad para adaptarse a internet y no busquen que internet se adapte a ellos o mejor aún, transformar internet.

4) No me gusta que los escritores estemos hablando siempre de nuestras obras en Facebook. Al final, se acaba produciendo el efecto contrario al deseado. Si no a la corta, a la larga.

5) No me gusta David Foster Wallace. Mira. Si tú lees mis averías verás que lo pongo bien porque soy capaz de diferenciar mi gusto personal con mi visión objetiva de él como escritor. Pero te confieso que no lo soporto. Algunos de mis peores días de mi vida lectora tienen que ver con la lectura de algunas de sus obras. Leer La broma infinita fue eso: una tortura infinita. Cuando terminé el libro, respiré aliviado. Sin embargo, hay algo que amo de él. Que fue capaz de ir al límite. Que llegó al límite. Ahí sí tiene todos mis respetos. Pero prefiero a otros de sus compañeros. Y aun pudiendo entender el mito Foster Wallace, no lo comparto en absoluto.

MM – Ya sabes que muchas personas te echan de menos (yo incluido), así que, ¿para cuándo ese regreso? ¿Cómo ves a este país desde la distancia?

AH – Amo España absolutamente (y por eso de vez en cuando me leerás alguna crítica feroz a la tierra de mis abuelos). Yo nunca hubiera querido irme de aquí. Jamás. Mi sueño era trabajar en España. Pero en fin, el hombre hace planes y dios dispone. ¿Cómo veo España? Pues un país títere. Escindido por la locura de las regiones. Un país sin autonomía controlado por Bruselas. Un país sin idea de lo que es la democracia que vive sometido a una oligarquía de partidos. Con una deuda enorme que antes o después estallará. Pero lleno de gente auténtica y verdadera. Gente de verdad. Gente latina que hace de este país un sueño. Una mezcla entre Europa y la América hispana realmente fascinante. España es magia. Brujería. Está manipulada y totalmente controlada. Pero sé que su embrujo pervive. Ojalá resistamos al maremoto globalizador y no perdamos nuestra identidad.

MM – Para despedirnos, sólo una cosa más, amigo mío. Imagina que estuvieses obligado a coger una pistola y elegir entre matar a todos los Goytisisolos o a todos los Paneros. Dinos. ¿Quiénes serían los sacrificados?

AH – Pues mira, creo que antes de matar a alguien, me mataría a mí. Creo que lo que tengo que hacer es matar a Hermosilla. Mira todas las palabras que he soltado. Eso es lo importante y urgente y algún día lo haré metafóricamente. En plan budista. Callar. Matar mi ego. Pero bueno, puesto que esto no ha sucedido de momento, pues te diré que sin dudas elegiría matar a los Goytisolos. Y me quedo con los Paneros. A Leopoldo María Panero por cierto, lo conocí en Zaragoza. Y fue genial. Yo leía un texto sobre su poesía en un Congreso y él me tiraba papelitos y cigarrillos. Era adorable. Se notaba que era un loco con un corazón enorme. Amo a Leopoldo. ¡Qué gran poeta! Por cierto, que hace poco leí el libro que le dedicó Antonio Marín Albalate y me pareció muy bueno. Cito de memoria el verso que se repite en el libro: “Dame la mano que tengo miedo”. Genial, sincero y merecido homenaje a un grande. El loco del tarot convertido en un personaje literario inimitable. Como verás, entre los racionalistas y los locos, me quedo con los lunáticos. Ja,jajajaj

Entrevista a Juan de Dios García

Juan de Dios García

 

—LA MONTAÑA MÁGICA: Saludos, Juan de Dios, amigo y cercano colaborador de esta casa. Eres poeta, agitador cultural, profesional de la educación y co-editor de (una) de las revistas literarias digitales más antiguas del país, El coloquio de los perros. Es decir, un verdadero non-stop-action-man. Y, por lo que veo, no tienes pinta de que levantes el acelerador. ¿Cómo estás de ánimos? ¿Te dopas regularmente para soportar este nivel de exigencia?

—JUAN DE DIOS GARCÍA: ¡Jajajaja! Sí, esnifo literatura, altamente adictiva cuando se la conoce. Y como mucha gente aún no la ha visto en su vida o la ha visto muy poco, pues habrá que ir presentándosela, ¿no? La mandanga, tarde o temprano, da gusto compartirla. Por eso, aparte de la escritura, mi otra obsesión es difundir esta droga tan potente y benigna. Me he convertido simultáneamente en un yonqui y en un camello de los libros. […] Respecto a los ánimos, siempre ando diciendo que abandono toda acción socio-cultural,  que necesito dedicarme solamente al oficio solitario de la escritura, pero en seguida me requieren para alguna causa que me estimule y me entrego de nuevo.

—LMM: En tu calendario aconteció un evento importante el pasado mes de noviembre, la celebración en Cartagena del festival poético DESLINDE. ¿Cómo valoras su primera edición?

—JDDG: Fue magnífica para el poco presupuesto con el que se contaba. Hubo casi cuarenta actos durante once días y, salvo alguna excepción, en todos hubo público abundante y participativo. Desde el legendario Ardentísima, que organizaba el maestro Jose Mª Álvarez, la Región de Murcia no había vivido una convocatoria poética de este orden. DESLINDE es un proyecto municipal que nació en la cabeza de Patricio Hernández como un festival digno y creciente, ligado al Premio Internacional Antonio Oliver Belmás de la Universidad Popular y a la figura de este interesante poeta y crítico, ensombrecido por la relevancia indiscutible de su esposa, Carmen Conde. Creo que el objetivo está conseguido. Patricio tenía claro que las personas idóneas en Cartagena para ayudarle a coordinar DESLINDE éramos Antonio Marín Albalate y yo. Debo añadir que a Patricio Hernández hay que agradecerle que se esté dejando la piel en Cartagena proponiendo iniciativas en todas las disciplinas culturales, resucitando programas masacrados por la anterior gestión del PP e intentando buscar canalizaciones entre espacios públicos y privados abiertos a la acción cultural: cafés, librerías, edificios de importancia histórica, asociaciones, bares, etc. Llevan un año aupándose desde el Ayuntamiento música, acción bibliotecaria, danza, filosofía, ciencia, teatro, folclore, arte, cine… Ya tocaba la poesía, entendida sin límites. Nos merecemos un festival como éste.

—LMM: El otro acontecimiento en tu calendario lo veremos en 2017, cuando se publique tu próximo poemario. ¿Qué nos puedes adelantar de él?

—JDDG: Para empezar, el título y la editorial que lo publica, que es Balduque. Un fotógrafo ciego saldrá en febrero y estoy muy satisfecho de lo escrito y de pasar a formar parte del catálogo de una editorial que, siendo tan joven, está adquiriendo un prestigio inusitado, caminando hacia la excelencia en su manera de editar y de trabajar con sus autores. […] Y hasta aquí puedo hablar. Ya daré suficiente matraca sobre Un fotógrafo ciego a lo largo de 2017 y recibiré las caricias y collejas correspondientes por exhibir mi nueva criatura al mundo.

—LMM: Ahora, para los que no te conozcan bien, ¿puedes acercarnos a ese joven Juan de Dios García que se lanzó junto a Ángel Manuel Gómez Espada a la creación de El coloquio de los perros? ¿En qué estabais pensando?

—JDDG: Éramos dos pringadillos recién licenciados y completamente desorientados con un futuro de mierda por delante. Muy pocas salidas dignas en España. Oposiciones —dificilísimas, sin esperanza— a profesor en la enseñanza pública y para de contar. ¿Te suena de algo? […] Pues bien, mientras unos se iban al extranjero a probar suerte, Ángel Manuel y yo nos quedamos en Murcia sobreviviendo. En ese estado entre el aburrimiento juvenil provinciano y la pasión total por lo literario, descubrimos que internet era el formato perfecto para fundar una revista que nos ayudase a contactar con todos los poetas, narradores, dramaturgos y ensayistas que admirábamos y a cumplir nuestras primeras aspiraciones de acción cultural. Y, oye, creo que no estuvo mal la idea.

—LMM: ¿Qué significó aquello para vosotros? ¿Creéis que ha merecido el esfuerzo de todos estos años?

—JDDG: Significó que dos veinteañeros entraran en un mundo creativo adulto con el “arma” de El coloquio de los perros. Cenar con el entonces encumbradísimo Luis García Montero, con el maestro Brines, José Mª Álvarez, tratar a gente como Alberto Manguel, Paloma Pedrero, Chantal Maillard, Margalit Matitiahu, Luis Antonio de Villena, Maram al-Masri, Joan Margarit, entrevistar a Leopoldo Mª Panero, Ricardo Piglia, actores como José Mª Pou, bailaores y bailarinas como Israel Galván o Tamara Rojo, cineastas como Fatih Akin… Vivir cientos de escenas que, como digo, anteriormente eran soñadas. Claro que mereció la pena. La sigue mereciendo. Hasta el final.

—LMM: De salud bien, ¿no? Digo de la revista.

—JDDG: Tuve una caída de ilusión por el proyecto en 2013. El ego miserable del gremio literario me redujo la energía revistera al mínimo. Quería dedicarme sólo a escribir, disfrutar de la familia y de la publicación de mi libro Ártico, leer y viajar con más frecuencia, apartarme de la actividad y las tragaderas que requiere estar al frente de una revista… Pero mi amigo Ángel Manuel me animó, me recargó las pilas y cogió las riendas como editor y promotor en redes sociales. Está haciendo un trabajo estupendo y desde 2014 co-dirijo El coloquio de los perros en una posición entusiasta, intentando mantener el respeto que se le tiene y coordinando contenidos con la misma energía que antaño, si cabe. Una energía transformada, más serena, más adulta. En el fondo, más libre.

—LMM: ¿Y las contantes vitales del sistema educativo español? ¿Tiene la tensión baja? ¿Está en estado crónico?

—JDDG: La enseñanza pública sí. Su salud se deteriora velozmente por el creciente e imparable desafecto que la actual sociedad siente por el concepto de lo público. No siempre ha sido así. La realidad española y la televisión que nos educa han cambiado radicalmente desde el PSOE felipista y la presencia de periodistas como Lolo Rico o Paloma Chamorro.

—LMM: ¿Te sientes maltratado como profesor por la presión de ciertos medios de comunicación tras el estallido de la crisis? Aquí tienes la oportunidad para mandarle un recado a todos los que piensan que los educadores son unos vagos.

—JDDG: Sí, claro que me siento maltratado. ¿Sabes eso de que España tiene tantos entrenadores de fútbol como habitantes? Pues es perfectamente aplicable al mundo de la enseñanza. […] Respecto al recado a ese sector poblacional tan amplio que, envenenado por sus frustraciones y complejos, no quisiera profundizar demasiado, porque no me apetece entrar en la cárcel.

—LMM: ¿Y el ambiente revolucionario (o contestatario) en las clases? ¿Crees que los chicos de ahora saben o quieren organizarse para defender sus derechos y de los que vendrán en un futuro, o hay cierto borreguismo y tendencia a la pancarta fácil?

—JDDG: Organización poquita. En algún grupo muy localizado de alumnos observo argumentos e inquietudes políticas con un criterio digno de su edad y formación.

—LMM: Vaya futuro nos espera. ¿Y a la cultura en general y a la poesía en particular?

—JDDG: Ahí sí. Tengo la suerte de impartir clase en Bachillerato de Ciencias, Humanidades y Artes, de modo que, salvo excepciones, palpo ganas de aprender todo tipo de cosas relacionadas con la cultura, poesía incluida. Aquí debo decir que alimentar eso adecuadamente depende del docente, de las ganas que tenga el docente de que aprendan todas las posibilidades infinitas de la subordinación sintáctica o de que se queden boquiabiertos con un fragmento de El club de la lucha o con un poema de Chantal Maillard.

—LMM: A ver, no hagas trampa. Sólo puedes elegir una de estas dos opciones: 1) En este país se ha leído siempre poco y mal. 2) Se publica demasiado para la poca demanda existente.

—JDDG: La primera. No me cabe la menor duda.

—LMM: Entonces, ¿no crees que nos estamos acostumbrando a realizar constantes brindis al sol con esto de la literatura? ¿No sería mejor dedicar todas nuestras energías a brindar menos y beber más?

—JDDG: ¡Qué va! Estoy encantado de pertenecer a La Résistance. Además, no veo ningún tipo de incompatibilidad entre el alcohol y los libros. «Una botella sin descorchar es una fiesta que aún no ha empezado», decía un personaje de novela llamado Chinaski. ¿Te suena?

—LMM: ¡Jajaja! Bueno, amigo, te deseo la mejor de las suertes a la espera de ese nuevo poemario.

—JDDG: Que los dioses te escuchen y escalen por tu montaña muchos lectores interesados en adquirir Un fotógrafo ciego. Ahí vamos.

Entrevista a José Martínez Muñoz y Antonio Marín Albalte

 

Hoy traemos a dos amigos que, a manera de dúo, van a saciar nuestra curiosidad sobre esta cosas de los versos sueltos y los pareados inconvenientes. José Antonio Martínez Muñoz y Antonio Marín Albalate no necesitan presentación para muchos de vosotros. Así que, sin más, aquí os los dejo. 

Montaña Mágica – Amigos míos, ¿la edad es una ventaja en esto de la poesía?


José Antonio Martínez Muñoz  
No creo que la edad te haga más sabio, quizá sí más viejo, o, como mucho, menos insensato. En mi caso, si es que en algo he mejorado, habrá sido por haber leído y escrito mucho y haber evitado nadar eternamente en el mismo charco, como tantos hacen hoy.

Antonio Marín Albalate  No, por qué. Recordemos a Baudelaire con ‘Las flores del mal’, a Keats con ‘Hyperion’, a Pere Gimferrer con ‘Arde el mar’ o a Miguel Ángel Velasco con ‘Las berlinas del sueño’, un libro que me impactó en su día y que le llevó a ganar el Adonais con 19 años. Aunque, desde luego, no es lo habitual.

¿Quién no tiene “pecados” de juventud? En mi caso, incontables, tantos que prefiero no acordarme.

O sea que sí es una ventaja, en el sentido de cometer menos torpezas a lo hora de escribir y, sobre todo, de publicar.

mm – ¿Sois más memoria que verso?


jamm – 
En alguna ocasión me he planteado que lo elegíaco es casi inevitablemente consustancial a la concepción que se tiene en España de lo que es poesía contemporánea. Con todo, yo tengo otros mestizajes y no sólo de memoria me alimento. Respecto a la memoria colectiva, ya dije en algún sitio que ‘un hombre solo apenas si suma uno’. Y de la memoria de la lengua, de la tradición en tu lengua y en las otras, dejafme recordar a Jean Cocteau: ‘el pájaro canta mejor en su árbol genealógico’

ama – Soy ‘Hijo del pelargón’, desmemoria y olvido de un libro de memorias que quizá nunca termine de escribir. Soy, si acaso, un verso suelto. Y ya es algo, temiendo en cuenta lo que asusta ser poema.

mm – Oye, contadnos como fue el que os conocierais.


jamm – 
Yo ya sabía de la existencia Albalate y algo había leído de él, pero tardé años en coincidir con él. Eso sí, desde entonces, considero entre las más entrañables la amistad que tengo con Antonio. Creo que fue en la presentación de Memoria d ella Nieve, en el Museo Gaya de Murcia, allá por el 2000 o 2001.

ama –  Ambos fuimos en su momento Premio Murcia Joven, yo en 1984 y José Antonio, un año después. A mí me gustó mucho su ‘Nec aliquid retinendum’. Si mal no recuerdo, nos conocimos en los noventa. Fue una época donde me prodigué mucho por la capital de la huerta. Mucha asistencia a recitales, con el inolvidable y querido Leopoldo Hércules, presentaciones de libros propios etc.

La poesía hizo que nos conociéramos. Recuerdo, no sin cierta nostalgia, tardes de domingo en torno a unas cervezas, hablando con José Antonio de lo divino y de lo humano pero, sobre todo, escuchándole. Por él he descubierto, de verdad, a Wallace Stevens o a Samuel Beckett, por ejemplo. Con mi socio he aprendido, sigo haciéndolo, lo mucho que me faltaba por descubrir. Conviene no olvidar que yo me inicié en la lectura, leyendo a Marcial Lafuente Estefanía… Ahí queda eso.

mm – A los dos os avalan numerosas publicaciones. ¿Cómo veis el panorama actual a nivel nacional?

jamm – El panorama español en poesía viene a ser muy semejante al de otras disciplinas artísticas. Creo que conviven editores, poetas, antólogos y traductores que saben muy bien lo que llevan entre manos y mantienen un criterio sólido y coherente, con otros que no terminan de aclararse mucho. Eso sí, por la cuestión de las lenguas, el panorama poético sufre especialmente ese absurdo de que no haya apenas contacto entre los mundos poéticos de cada lengua. Vivir como un problema y no como un privilegio el contar con cuatro lenguas es de traca.

ama – Yo lo veo bien. En estado saludable, como suele decirse. Al margen de los consagrados, hay todo un futuro de voces jóvenes muy prometedor.

mm – ¿Anda la sociedad actual entre la tribu y la nieve?

jamm – Que conteste Ausiàs March:

Jo sóc aquell que en el temps de tempesta,

quan els altres festegen vora els focs

i amb ells puc compartir els propis jocs,

vaig sobre neu, descalç, la testa nua, […]


O que nos hable Albalate de la nieve, que la conoce muy bien.

ama – Anda atribulada, atribunevada, camino de nada… ¡Anda! Me ha salido un pareado. Anda en la cuerda floja que un día ha de romperse. Por eso hay que exiliarse la manta a la cabeza y tirar para el monte del olvido.

mm – ¿Qué traeríais de vuestra juventud a estos tiempos?

jamm – Como no podría digerirse hoy en afán de transformar el mundo (hoy sólo se habla de gestión, no de transformación), me traería la energía y la fuerza rockera de entonces. Maneras de vivir, ya sabes.

ama – Yo, de la mía, no traería mucho. Si acaso, la música. Y, cómo no, los amigos que se han ido quedando en el camino. Sobre todo, eso: los amigos.

mm – Sabemos que la música forma parte de vuestra cosmogonía vital. Contadnos influencias.

jamm –  La música está en lo más hondo de mi paisaje interior cultural y sentimental. Creo que no hay nada importante en mi memoria que no esté asociado a una o más canciones o piezas musicales. De hecho, escuchar música es uno de mis recuerdos infantiles más antiguos. Me recuerdo oyendo música desde los seis años o así. En especial el blues, en su sentido más amplio y generoso, es para mí algo más, mucho más, que música y la deuda que tengo con sus ‘sacerdotes’ es mucho mayor que la del simple fan.

ama –  Yo, como bien saben quienes me conocen, soy hijo de la cantautoría. Le debo mucho a Patxi Andión, Serrat, Aute y Pablo Guerrero, por poner un ejemplo. Sin ellos quizá me hubiese costado más acercarme a la poesía. De ahí que me diera por hacerles tributos. Pero también me han influido grupos y cantantes del pop y del rock.

Me gusta mucho el blues, aunque no entienda un carajo de inglés. Soy un puto analfabeto que apenas si sabe hablar “aladroque”. Jajajaja.

mm – ¿Creéis que ha llegado el momento de que os vayan haciendo algún que otro homenaje o mejor los dejamos para la posteridad?


jamm – 
¡Ni de coña! En España se homenajea sólo a los muertos.

ama – Ufff! No, no, no. Como dice mi amigo Aute: «Homenajes, no, por favor; a lo sumo, algún himenaje que otro».

mm- Un poco de malabarismo emocional. ¿Os imagináis sin haberos sumergido tantos años en la poesía? ¿Os hubieseis metido a la política, por ejemplo?

jamm – No. Si volviera a nacer volvería a dedicarle la vida a la poesía. No lo dudo ni un momento. Le debo casi todo lo mejor de lo poco bueno que pueda haber en mí.

ama – Qué vértigo… Sin la poesía, no sería tres en uno, o sea: no sería yo, ni Juan Cartagena, ni Tonino Albalatto… Por tanto, no me lo puedo imaginar. Menos todavía, metido a político.

mm – Hablando de la cosa pública. ¿Nos vamos al carajo o aguantamos?

jamm – Al carajo. El necocapitalismo en general y el esapañol en particular, se dirige al abismo con una alegre y decidido trotecillo marranero.

ama –¡Por el Comandante! Memoria eterna. Yo, antes de que nos vayamos al carajo, me iría a Guantánamo a cagarme en los putos yankys.


La vida es más bella, más humana, con una cerveza entre las manos. ¿Cuánto de humor e ironía podemos encontrar en vuestros poemas?

jamm – El sentido del humor es una de las virtudes imprescindibles y cuya ausencia se hace insoportable. Pero no es tan fácil de encontrar en mi poesía. Quizá escribiendo soy serio de más. Ahora que si buscas en alguna segunda o tercera lectura…

ama – Cierto, querido amigo, más bella y espumosa tanto, que a veces, es espumusa. Que no nos falte el humor y la ironía. En mi caso, bastante de humor, sobre todo negro.


La radio, periodismo, promotores culturales, padrinos de poetas, antólogos, enemigos públicos…¿Sois conscientes de que esos roles os han acompañado durante los últimos años de vuestra vida?

jamm – Se hace lo que se puede. He participado en algunas cosas y otras las he organizado con gente muy cabal y entrañable, como Héctor Castilla. Y ha sido un placer y un honor.

Respecto a “Las personas del Verbo”, tener ya durante 18 temporadas un programa de radio dedicado a la poesía es un verdadero privilegio para mí, que quiero agradecer desde aquí a mis queridos jefes: la ciudadanía de Murcia que mantiene con sus impuesto la radio pública. ¡Cuánto sigo disfrutando y aprendiendo! Espero devolver con mi trabajo una parte de ese regalo que me hacen.¡Gracias!

ama – Jajajaja. ¡Antología! ¡Antología! Jajajaja. Sí, roles o rolex, que en mi caso me divierten cada vez más.

A ver, una para lucirse. ¿Qué libro destacáis el uno del otro? Y dad buenas razones.

 jamm – Esta sería una pregunta canalla y cabrona, ya que Antonio Marín tiene muchos libros que me me gustan de verdad. Pero, afortunadamente, ‘Ángel de Tierra’ es uno de los mejores libros de poesía escritos en España en las últimas décadas.

¿Me lucí?

ama – Difícil me lo pones. Coño, es que del Chota me gusta todo. Pero bueno, como hay que destacar uno pues destaco ‘Nada, nadie’. ¿Por qué? Bueno, porque es un libro donde el poeta parece regresar de un naufragio y porque Samuel Beckett está ahí y porque me sacude cada vez que lo leo. Si un libro, o un poema, no te da un trallazo y te deja temblando, para mí pierde su identidad como tal. Por eso huyo tanto de los poetas peñazo, cursis y eso. Tanto endecasílabo y tanta hostia, qué aburrimiento. Sosillos, eso es lo que son. Jajajaja.

Ya por último, ¿tienen futuro las librerías?

jamm – Sólo las especializadas o montadas con criterio y, esto es imprescindible, regentadas por libreros y no por dependientes. Sólo se puede competir copn las grandes superficies y con la venta por Internet demostrando al cliente que tú amas lo que vendes, lo conoces y, llegado el caso, podrás aconsejarle o, al menos, ser su cómplice en el amor al libro.

ama – Quiero creer que sí. Mientras existan, habrá esperanza. Creo, siempre lo hice, en las librerías especializadas, con personalidad. Por tanto, creo en La Montaña Mágica como lugar de encuentro con esos libros que parecen decirte: llévame contigo. Larga vida a las librerías, larga vida a la tuya y larga vida a la buena literatura

Desde La Montaña, Gracias.

Dando por concluida nuestra Agenda Cultural de la temporada 16/17 no podemos sentirnos más orgullosos y felices. Han sido unos meses en los que hemos consolidado nuestro proyecto, en los que hemos crecido junto a todos vosotros, clientes y amigos (y las dos cosas a la vez).

55 eventos culturales (3 fuera de nuestro establecimiento) son nuestro regalo para todos vosotros y para la ciudad. Hemos tenido poesía, narrativa, cuentos, teatro, música, firmas, encuentros con autor…, todo ello coronado con el galardón del Premio al Fomento de la Lectura 2017 dado por el Premio Mandarache. Un reconocimiento que también es para todos vosotros, los que os acercáis a ver a los autores, los que os sentís cercanos de una u otra manera a la Cultura y al Libro.

Desde que empezamos esta aventura, esta escalada impresionante, hemos tenido las puertas abiertas a todos aquellos que han querido participar, colaborar, compartir y crear con nosotros este maravilloso sueño. Hemos conseguido conversaciones imposibles y encuentros acrobáticos que nadie podía esperar hace poco más de un año. Con el espíritu de ir sumando no hemos cejado en nuestro empeño en aunar voluntades e intereses, y siempre que no ha sido así fue por motivos ajenos a nuestra filosofía e implicación social y cultural.

En la cima de La Montaña entramos todos, eso ya ha quedado probado. Y vamos a seguir creciendo, ampliando horizontes, haciendo de nuestra labor vuestra felicidad.

Por todo ello, agradecer a Efraín Bartolomé, Begoña Hernández, David López Sandoval, Purificación Gil, Simón Hernández, Natalia Carbajosa, Natxo Vidal, Vicente Cervera, José Siles, Adrián Bernal, Antonio Aguilar, Francisco J. Franco, Luis Sánchez, Marisa López Soria, Carmen Juan, Katy Parra, Alfonso García Villalba, Ángel Talián, José Luis Abraham López, Hugo Cano, Basilio Pujante, Mª Carmen García Sastre, Leo Bódalo, Carlos Alberto Alcaraz, Clara Ledó, Teresa Vicente, José Manuel Gallardo, José Ibarra Bastida, Juan de Dios García, Rubén Castillo, Sebastián Mondéjar, Manuel de San Juan, José Ángel Castillo, Antonio Ruiz Munuera, Jesús Cánovas, Mª Ángeles Ibernón, Saúl Lozano, Ginés Sánchez, David Gonzáñez Lago, Óscar León, Pablo Vizcaíno, Jorge Ortiz Robla, Raúl Quinto, J.J. Bermúdez, Lucía Ros Cara, Alberto Chessa, Magdalena Cánovas, Lujo Berner, Diego Sánchez Aguilar, J.A. Cantarero, José Óscar López, Mariano Ruiz Guasch, Editorial Balduque, Dokusou Ediciones, Editorial Raspabook, Boria Ediciones, Newcastle Ediciones, Chamán Ediciones, La Galla Ciencia, Festival, Deslinde, Asociación Cultural Diván, Premio Mandarache, Patricio Hernández, Alberto Soler, José Alcaraz, Mº del Pilar García y Raquel Fiuza por el cariño, apoyo, respeto que nos habéis brindado durante estos últimos diez meses.

En Septiembre, más, más grande y mejor.

¡Salud, Montañeros!

18446706_1888456918062773_6512127836741953857_n

Entrevista a Domingo Llor

llorrr
Domingo Llor

 

Hoy tenemos con nosotros a Domingo Llor. Su última aventura llenó el cielo de Cartagena de delfines. Para todos aquellos que disfrutamos de su amistad y creativad, y para los que aún no lo conocéis, aquí un poco de su día a día. 


Montaña Mágica – Amigo Llor, lo primero. ¿Qué se esconde detrás de la barba?

Domingo Llor – Detrás de la barba se esconde un niño tímido.

MM – Eres un artista polifacético, tal y como muchos sabemos. ¿Podrías definirte de alguna manera como artista para aquellos que aún no te conozcan?

D.L. – Bueno soy polifacético porque tengo inoculado un veneno llamado curiosidad, aprendizaje, investigación, que me conduce a experimentar con nuevas formas de expresión y porque a fin de cuentas aún no tengo demasiado claro qué voy a ser de mayor. El día que lo sepa, que me acomode, que madure, que salga de mi particular laberinto, será el final de la fiesta. Game over, insert coin.

MM – ¿Prefieres las manos para agarrar o los pies para salir corriendo?

D.L. – Cada vez me apoyo menos en las manos, en lo manual, en cualquier atisbo de artesanía. Si he de huir será de todo aquello en lo que no quiero caer, del aburguesamiento mental, por ejemplo.

MM – Cuéntanos algo sobre tu proceso creativo. ¿Esperas a que la inspiración te invada o prefieres tropezarte con ella?

D.L. – La inspiración está sobrevalorada, queda muy bien en contextos líricos trasnochados de mesita, mantel y quinqué. Aunque hay algo parecido a eso cuando cazas una idea al vuelo, algo de la cotidianidad se subraya, se manifiesta como materia prima para elaborar una idea, un concepto, un proyecto. Durante el trabajo hay un momento feliz en el que te tensas como un arco, nada te puede parar, quizá a eso se le pueda llamar estar inspirado.

MM – ¿Y la energía creativa? ¿La sabes canalizar con efectividad o al final eres víctima de la entropía?

D.L. – Soy de praxis; aunque en determinados casos me suele satisfacer el mero hecho de proyectar una obra hasta el mínimo detalle. En ese punto puedes llegar a la conclusión de haberla realizado, de haberla llevado a cabo y comprender la postura de aquel Joan Brossa que describía sus poemas objeto en retazos de papel y no tenía esa necesidad imperiosa de materializarlos.

 MM – Llevas muchos años en esto de la creación. Yo ya te conocía antes de conocerte -eso es ser un poco famoso- y he de reconocer que tu acto escénico sobre el fin del mundo, realizada hace 9 años en el festival Mucho Más Mayo me sorprendió y agradó mucho. ¿Con cuál de todas tus creaciones te quedarías?

D.L. – En realidad hace diez años de eso. En 2006 había un montón de gente sesuda analizando el fenómeno del rotondismo, porque empezaron a florecer rotondas por doquier como fórmula de solución a problemáticas derivadas del tráfico. Se daba la paradoja de que algunas sí que funcionaban, pero otras empeoraban el problema de la circulación. Esas rotondas también generaron una especie de necesidad de ser decoradas, aquel ‘ponga una rotonda en su vida’ desembocó en una suerte de resultados grotescos que provocaron ríos y ríos de tinta.

Ese mismo año nos juntamos unos cuantos amigos con la intención de generar una plataforma de experimentación en arte público, al final tomó forma de festival bajo el nombre de Mucho Más Mayo. Adapté la idea para conseguir algo que tuviera una epidermis asequible al máximo rango de población y diera visibilidad al festival. El resultado fue una isla desierta con un náufrago que hacía vida allí, en una rotonda céntrica de Cartagena, una intervención que rayaba el teatro de calle, el reality o la performance sin ser exactamente nada de ello. Su aceptación popular me condujo a proyectar una secuela para la edición del año siguiente, diseñé un nuevo episodio con el mismo náufrago, en un guiño al final de ‘El planeta de los simios’ en el cual la escenografía sustituía las palmeras tropicales por una reproducción de la estatua de la libertad, enterrada hasta el cuello, y algunos restos de civilización. La monumentalidad de aquella escenografía supongo hizo el resto y halla anulado de la memoria colectiva la primera versión de este proyecto. Quizá se me fue un poco la mano; pero todo esto fue por lo que creía, en su momento, una buena causa.

En respuesta a tu pregunta siempre me quedaría con la que está por venir, no me regodeo mucho en el pasado y soy un tanto inconformista.

MM – Hablemos de vanguardias. ¿Estás con ellas, sobre ellas o contra ellas?

D.L. – Con ellas, desde luego. Tanto si te refieres a las históricas vanguardias de principios del s. XX, como si lo haces a esa condición de intentar ir un paso por delante de lo consabido, de lo establecido; aunque esa postura suponga incomprensión o rechazo por parte de tus coetáneos.

MM – ¿Hay espacio para la creatividad como antes o como antes está todo como siempre?

D.L. – El tinglado, el circuito oficial, no ha cambiado las reglas de juego desde el s. XIX. En la consecución de una sala institucional donde exponer, todo se reduce a algo parecido al mostrador de pescadería, en el cual coges un número y esperas tu turno, al rato te das cuenta de que los que esperan junto a ti son los mismos de siempre. No me distraigo demasiado en eso, lo importante es la obra y no va a ser mejor, ni peor, por el marco en el que se exponga. Esos lugares suelen servir de consuelo para la gente incapaz de conferir peso específico a lo que hace, y se pueden conseguir con habilidades sociales que están muy lejos de los parámetros intrínsecos de la materia en cuestión. Pero el talento, el mojo -como dirían en ‘Austin Powers’- el mojo, amigo, se tiene o no se tiene.

En la actualidad hay muchas fórmulas, muchos subterfugios donde poder poner a prueba la obra sin necesidad de depender de lo institucional.

MM – ¿Nos puedes decir los nombres de los artistas que te influyeron de manera definitiva?

D.L. – No, de ningún modo, nos faltaría pantalla.

Sí te puedo confesar que dibujo desde que tengo consciencia, nunca lo consideré arte, formaba parte de mi cotidianidad. La primera vez que me vi en algo que se acerca a eso que podríamos considerar arte fue con 17 añitos, montando imágenes grabadas de la televisión con cortes frenéticos cada pocos fotogramas, una labor de relojería que conseguía al enfrentar dos vídeos VHS, uno reproducía y el otro grababa. Unas composiciones inspiradas en el ritmo de Nam June Paik o de Norman McLaren, a las que añadía bandas sonoras de corte industrial. Si hubiera dispuesto de una cámara para grabar mis propias imágenes posiblemente hubiera tirado más por Viola.

MM – ¿Sobrevivirá el arte a las nuevas tecnologías o como dicen algunos dinosaurios esto se ha acabado?

D.L. – No sé si te habrás percatado, pero llevas toda la entrevista nombrando la palabra arte y yo intentando eludirla. Esa definición me tiene un poco empachado, preocupado, me entristece un poco por el uso que se le ha dado, la compadezco. A mucha gente se le llena la boca con esa palabra, y se emplea en contextos lamentables.

Las nuevas tecnologías son un revulsivo, hace más daño la tradición, que estanca; aunque no crea en el medio por el medio.

MM – ¿Donald Trump es la continuación nunca contada de los tebeos del Pato Donald en los que este acaba por matar y suplantar a su Tío Gilito quedándose con toda su fortuna?

D.L. – No, ¡jajaja! Ninguno de los desenlaces me entusiasmaba a priori, aún así tengo dos versiones: La primera, que sea una sociedad tan machista como para haberse bloqueado ante el inminente riesgo de erigir a la primera mujer en la historia como presidenta de los Estados Unidos. La segunda se puede aplicar a la sociedad en general, si eres mediocre puedes llegar donde quieras, a lo más alto, los mediocres se entienden entre sí y te van a arropar en un pacto perfecto y bien engranado, el pacto de los mediocres es infalible y una evidente alternativa a la selección natural. Parafraseando a Bruce Lee, un consejo en spanglish: ‘Be mediocre, my friend’.

MM – ¿Éramos o estamos?

D.L. – Éramos ayer alguien diferente a quien somos hoy, hay quien evoluciona y hay quien degenera. Estamos en continua metamorfosis, con el diapasón del tiempo como cadencia.

MM – ¿Profundidad o densidad en tus obras?

D.L. – Profundidad suena a enigma, densidad suena a saturación, a ‘horror vacui’.

MM – Aunque suene petulante, ¿qué tal llevas la gravedad de la existencia?

D.L. – Estupendamente, ahí estoy interactuando con los 9,8 m/s2, sobre la cuerda floja y sin red. Hay veces en las que hasta floto.

MM – ¿Hay vida después del arte?

D.L. – Claro, pero es un poco más gris.

MM – ¿Cómo ves el panorama cultural de la ciudad?

D.L. – Me encanta Cartagena, estoy enamorado de ella, es como si estuviera hecha a mi medida, me costaría encontrar algo más inhóspito donde poder entrenar mis facultades, tengo cierta vocación de faquir, la dulzura no tarda en empalagar. Encima es metafísica y está a orillas de algo más que un mar, el Mediterráneo. ¿Se puede pedir más?

MM – Y si se nos acaban las preguntas, ¿qué nos decimos los unos a los otros?

D.L. – Hay gestos que comunican más que las palabras, y son más honrados por no poderse modular.

Agenda cultural 19 y 20 de Mayo

Esta semana tenemos varios eventos que cubrir por La Montaña. Hoy mismo, a las 21:30 estaremos en la presentación del poemario de Pablo Vizcaíno en Los Lunes Literarios del Zalacaín en Murcia. El flamante galardonado por nuestro concurso poético saltará al ruedo poético y nosotros no podemos faltar a la cita.

El Viernes haremos de nuevo de la ubicuidad uno de nuestros mayores dones. Dentro del Festival Mucho Más Mayo que se celebra estos días en Cartagena, recibimos al creador del programa de agitación radiofónica del momento, Javier Gallego, presentando su segundo poemario, «El grito en el cielo».

Casi a la misma hora, a las 19:30h, Lucía Ros Cara estará en nuestra librería presentando su libro «Encuentros bajo la piel».

as

Así que tenéis donde elegir.

El Sábado 20, Alberto Chessa, gran amigo de La Montaña Mágica, se trasladara desde Madrid para acercarnos a su traducción del popular penny dreadful, «Sweeney Todd», publicado por La Biblioteca de Carfax.

Yo de vosotros no dejaría pasar esta oportunidad de sumergiros en el mundo, desconocido a veces, de los traductores.

chess

¡Salud!